En las recientes semanas se han presentado situaciones que han dejado muy mal parados a algunos jinetes. José Lezcano empezó con la fiesta en Aqueduct cuando hizo de gala de perdonavidas y por “cuidar” a su cabalgadura de un esfuerzo mayor, el centauro se la pasó “vigilando” a los pobres corceles agotados que circulaban por el riel interior, los cuales no ofrecieron resistencia al ser rebasados, sin embargo por el lado exterior surgió otro ejemplar que nunca vio el piloto panameño y que finalmente le comió el mandado y tuvo que conformarse con la segunda posición. Los apostadores y el dueño lógicamente estaban echando chispas ante tal descuido y vaya usted a saber cual fue la historia que narró José con los árbitros en la audiencia a la que fue citado, que todo quedó en un jalón de orejas.

Pero lo que hizo Fausto Da Silva en Turf Paradise dejó atónitos a todos los testigos que vimos con total impotencia como el jinete detenía a su caballo inmediatamente después de abrirse las puertas del arrancadero, quizá esto hubiera pasado como algo sin importancia en un caballo con muy pocas posibilidades de triunfo, pero resulta que el angelito estaba 1-20, por cada 20 dólares apostados le regresaba 1. Los reclamos no se hicieron esperar y de entrada al jockey lo mandaron 30 días a la congeladora, con un aplastante señalamiento que le va a ocasionar grandes dificultades para volver a montar en cualquier circuito.

De ninguna manera estamos poniendo en tela de juicio la actividad de jinete que requiere mucho tiempo para poder tomar la responsabilidad de llevar las riendas de un Pura Sangre. Pero en estos casos retumba en nuestra mente los lineamientos que marcan los estatutos de cualquier Comisión de Carreras y que son como una ley en todos aquellos involucrados en las carreras de caballos: “Garantizar los intereses del público”.